
Ahora bien, otra pregunta que escuchamos de ustedes, jóvenes, es: “Me siento tan solo o sola. ¿Llegaré a encontrar a mi alma gemela?”. Tengo varias cosas que decir al respecto, pero comencemos con el concepto de encontrar a la persona que fue hecha para ustedes, la que es perfecta para ustedes.
Hay un viejo cuento sobre una jovencita que está en una excavación arqueológica y descubre una lámpara antigua. Cuando la frota, aparece un genio que le ofrece cumplirle un deseo. Ella piensa por un momento y le pide paz mundial: que las personas se amen y vivan en armonía para siempre.
El genio considera su petición y finalmente dice: “Lo que me pides es imposible. La división entre los pueblos del mundo es demasiado profunda y ha existido por demasiado tiempo. Por favor pídeme otra cosa. Cualquier cosa, menos eso”.
Entonces, la jovencita piensa de nuevo y dice: “En algún lugar está la persona que fue hecha para mí. Lo quiero encontrar: alguien que sea guapo, atento y que tenga sentido del humor; alguien que ayude con los quehaceres de la casa, que le gusten los niños, que no vea deportes todo el tiempo, que tenga un muy buen trabajo, que piense primero en mi felicidad; alguien que salga de compras conmigo y que se lleve bien con mi familia”.
El genio considera su petición por un momento, suspira profundamente y luego dice: “Déjame ver qué puedo hacer para concederte la paz mundial”.
Sé que esto será una desilusión para algunos, pero no creo que haya una sola persona correcta para ustedes. Creo que me enamoré de mi esposa, Harriet, la primera vez que la vi. Sin embargo, si ella hubiera decidido casarse con otra persona, creo que yo hubiera conocido a alguien más y me hubiera enamorado de esa otra persona. Estoy eternamente agradecido que esto no haya sido así, pero no creo que ella haya sido mi única oportunidad de lograr la felicidad, ni yo la de ella.
Otro error que pueden cometer al salir en citas es esperar encontrar la perfección en la persona con la que estén. La verdad es que las únicas personas perfectas que conocen probablemente son las que no conocen bien. Todos tenemos imperfecciones. Ahora, no estoy sugiriendo que rebajen sus normas y que se casen con alguien con quien no podrán ser felices. Pero me he dado cuenta conforme he madurado en la vida que, si alguien está dispuesto a aceptarme ---tan imperfecto como soy--- entonces yo también debería estar dispuesto a ser paciente con las imperfecciones de los demás. Ya que no encontrarán la perfección en su compañero, y él o ella no la encontrará en ustedes, la única oportunidad que tienen de obtenerla es crear la perfección juntos.
Hay quienes no se casan porque sienten una falta de “magia” en la relación. Por “magia” supongo que quieren decir chispas de atracción. El enamorarse es un sentimiento maravilloso, y nunca les aconsejaría que se casen con alguien a quien no aman. Sin embargo ---y esto es algo que a veces es difícil aceptar--- esa chispa mágica debe ser pulida continuamente. Cuando la magia perdura en una relación es porque la pareja hizo que así fuera, no porque apareció de forma mística impulsada por alguna fuerza cósmica.
Francamente, requiere esfuerzo. Para que una relación sobreviva, ambas partes aportan su propia magia y la usan para sostener su amor. Aunque he dicho que no creo que haya una sola alma gemela para alguien, sí sé esto: una vez que se comprometan a casarse, su cónyuge se convierte en su alma gemela, y es su deber y su responsabilidad esforzarse cada día para que así sea. Una vez que se hayan comprometido a esto, la búsqueda del alma gemela se acabó. Nuestros pensamientos y acciones cambian de buscar a crear.
¿Y qué sucede con aquellos que abandonan la esperanza de encontrar a un compañero eterno? Primero, no se den por vencidos. Vayan a actividades, conozcan a personas y hagan su parte. Sé que salir con personas del sexo opuesto puede ser difícil. El rechazo es una de las cosas más dolorosas que podemos pasar. Créanme que sé lo que se siente. Yo me enamoré de Harriet mucho antes de que ella se enamorara de mí.
Pero eso no me detuvo; para nada. Buscaba maneras de estar en el mismo lugar donde ella estaba. Cuando repartía la Santa Cena en la capilla, me las arreglaba para repartírsela a su familia. Me esforzaba por impresionarla, pero creo que me consideraba un poco inmaduro. Ella simplemente no sentía la chispa. Perdí la esperanza de algún día convencerla de que yo podía ser más que un amigo.
Así que me fui; me uní a la Fuerza Aérea y luego me fui al otro lado del mundo para aprender a ser piloto en los Estados Unidos. No fue sino hasta que regresé a Alemania, tras haber completado mi entrenamiento como piloto de guerra, años después de haberla conocido, que esta hermosa jovencita me vio y dijo las palabras mágicas que, durante tanto tiempo, había anhelado escuchar: “Maduraste desde la última vez que te vi”.
No perdí el tiempo después de eso, y, a los pocos meses, me casé con la mujer que había amado por mucho, mucho tiempo.
Así que no se den por vencidos, hermanos y hermanas. Sólo porque los han rechazado una o dos veces ---o tres o cuatro o doscientas veces--- no se desesperen. Hermanos, el secreto de encontrar a la mujer de sus sueños es conocer a muchas y entonces, cuando se enamoren y sientan que es lo correcto, pídanle que se case con ustedes. Si dice que no, continúen su búsqueda y oren hasta que finalmente lleguen con una joven al altar del templo; así que, no se den por vencidos.
Presidente Dieter F. Uchtdorf - Charla fogonera del SEI para los Jóvenes Adultos • 1º de noviembre de 2009 • Universidad Brigham Young
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