
Aunque generalmente es vivaz, la esperanza nos acompaña silenciosamente en los funerales. Nuestras lágrimas son igualmente ardientes, pero no es por desesperación, sino que son lágrimas de afecto provocadas por una dolorosa separación. No tardara el momento en que se conviertan en lágrimas de gloriosa expectativa. Aunque el vacío, tan real y lleno de inquietud, inicia un inventario retroactivo de lo que hemos perdido de momento, sin embargo, nos pronostica una esplendorosa y plena reunión futura.
Aunque la esperanza no es conocimiento perfecto, las expectativas que provoca son, con certeza, verdaderas (véase Eter 12:4; Romanos 8:24; Hebreos 11:1; Alma 32:21).
En la geometría de la teología restaurada, la esperanza tiene una circunferencia mayor que la fe. Si la fe aumenta, el perímetro de la esperanza se ensancha en forma proporcional.
Elder Neil A. Maxwell
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