
No creo que exista mejor relación que sea tan especial como la de entre un padre y sus hijos; relación nacida del amor, y esos profundos sentimientos que al principio se encuentran ahí por instinto y que más tarde es fomentada y desarrollada por medio del amor, la ternura y la consideración.
Con ello no quiero degradar la divina relación de madre e hijo, pero una vez en la misión de visita a una hermana con los síntomas de su embarazo, la inexactitud de la repuesta de mi compañero al querer “Compenetrarse” diciéndole :¡Hermana se lo que Ud. esta sintiendo! me hizo meditar y comprender mi papel en el Plan. Por ello hablo de la relación de un padre para con sus hijos en el sentido que nunca he sido madre, y como la unión eterna con mi compañera aun es de mas de 17 pocos años, no me siento capaz de hablar desde ese punto de vista. Además de pensar firmemente, hablando en términos generales, que las madres de la Iglesia necesitan un poco más de ayuda de nosotros como padres para edificar esos lazos especiales con nuestros hijos que hacen del hogar un pedacito de cielo en la tierra.
Me siento impresionado por el hecho de que el plan de Salvación fue arreglado por el Padre y su Hijo, Y en este mundo de hoy tan inestable el conflicto de ideales y normas entre lo que la Iglesia le enseña a hacer a un joven y lo que el mundo espera de él, ocasiona una tremenda frustración, y ciertamente, el padre está en mejor posición de poner estas cosas en perspectiva, a fin de ayudarle a su hijo o hija a comprender lo que es importante y lo que no lo es en la vida; estar ahí para asegurar, amar, y hacer que sus hijos se sientan importantes, y ayudarlos a ser ellos mismos y a permanecer fieles a sus normas.
Entre algunas cosas que aprendí del Pdte. Loren C. Dunn, en cuanto ello de cómo un padre en la Iglesia trata de ser un padre para sus hijos, surgen de vez en cuando algunos conflictos especiales. Las escrituras modernas dice:"Y además, de cierto os digo, que todo hombre que tiene obligación de mantener a su propia familia, hágalo; y de ninguna manera perderá su corona, y obre en la iglesia " D y C. 75:28 Esto indica dos responsabilidades básicas: abastecer a nuestras familias y trabajar en la Iglesia.
Hay ocasiones en las que surgen preguntas en cuanto a un conflicto aparente entre el deber de un padre para con su familia y las muchas responsabilidades que él pueda tener en la Iglesia. En rpta a esto, ciertamente todos los líderes de la Iglesia que tienen la responsabilidad de organizar y convocar reuniones administrativas deben darse cuenta de que una reunión bien preparada y organizada, determinando de antemano la hora para comenzar y terminar, no solamente utilizará el tiempo al máximo, sino que facilitará que los hermanos que asisten reciban el apoyo de sus esposas e hijos.
Una reunión bien preparada significa que la familia sabe a qué hora el padre o esposo regresará al hogar. Una reunión bien preparada utiliza el tiempo al máximo y, por tanto, reduce el número de reuniones intermedias que podrán llevar al padre fuera del hogar innecesariamente. Ciertamente, las reuniones bien preparadas y organizadas son una bendición para las familias de los padres que son miembros de la Iglesia, como lo es para aquellos padres que asisten a las mismas. Por otra parte, como indica Doctrinas y Convenios, el Señor espera que cuidemos de nuestras familias y también atendamos nuestros deberes en la Iglesia.
Al meditar ahora en ello, me doy cuenta de que a pesar que el tiempo que pasemos con ellos es importante, probablemente lo más importante radica en incluir a nuestros hijos en nuestra vida. Si somos capaces de expresar un interés sincero en ellos y hacerles saber que sabemos lo que está pasando, a pesar de que algunas veces tengamos que hacerlo apresuradamente, eso parece ser mucho más importante que un padre que dispone de más tiempo pero que por algún motivo no transmite ese interés.
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