
Permitamen compartir un articulo del hermano Hafen que fue rector del colegio universitario Ricks de Rexburg, Idaho, Estados Unidos.
Una de las leyes más trascendentalmente importantes de Dios dictamina:"...dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" {Génesis 2:24). Además: "Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón" (1 Corintios 11:11).
Como lo dijo en una ocasión el élder Boyd K. Packer, del Consejo de los Doce, "el amor romántico... no es sólo parte de la vida, sino que en el sentido literal de la palabra, es una influencia poderosísima para el ser humano; es de naturaleza profunda y significativamente religiosa. Sin él, la vida no puede ser plenamente satisfactoria. En realidad, sin él, no se puede alcanzar el más alto grado del Reino Celestial" (Eterna Love, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1973, pág. 6).
El otro aspecto de este asunto está representado por lo que Alma dijo a su descarnado hijo Coriantón, el cual se había ido tras una mujer de mala reputación: "¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son abominables a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o negar al Espíritu Santo?" (Alma 39:5.)
A veces se apoya el hecho de que vale la pena observar la ley de castidad por motivo del riesgo que su transgresión acarrea, como el embarazo y el aborto, la posibilidad de tener que contraer un matrimonio indeseado o bochornoso o la probabilidad de contraer una espantosa enfermedad venérea. Con respecto al adulterio, se habla del perjuicio de destruir un matrimonio o familia constituidos, Aun considerando la gravedad de las mencionadas consecuencias, no estoy seguro de que constituyan la razón fundamental por la cual el Señor considera la violación del mandamiento de la ley de castidad más grave que el robo a mano armada, que el fraude y que el secuestro en la escala jerárquica de la seriedad de los pecados.
Pensadlo bien; La transgresión de la ley de castidad sigue en gravedad sólo al asesinato. Quizá haya un elemento común que atañe a "pérdida de castidad y asesinato". Ambos tienen relación con la vida, la cual concierne al más elevado de los poderes divinos. El pecado del asesinato tiene que ver con el quitar la vida; la transgresión sexual tiene que ver con el dar la vida, o, mejor dicho, con la grave falta de jugar con las fuentes sagradas del poder para dar la vida.
Quizá no debiéramos esperar comprender cabalmente con nuestras mentes finitas las razones por las cuales se nos ha dado este mandamiento. Cuántas veces al embargarnos los más intensos sentimientos de regocijo, o de poderoso testimonio o de gratitud, intentamos describirlos con palabras, pero éstas nos faltan cuando tratamos de sondear las profundidades de esas joyas preciosas que son demasiado sagradas, demasiado significativas y aun demasiado misteriosas para que se presten a explicaciones rápidas, fácilmente comprensibles.
¿Por qué es la naturaleza tan primorosamente hermosa y llena de armonía? ¿Por qué se nos enternece el corazón a la vista de los niños pequeños que ríen con espontaneidad? Y, ¿por qué el corazón se nos llena especialmente de un gozo inefable cuando los pequeñitos que vemos reír ante nuestros ojos son nuestros propios hijos? Todo lo que sabemos es que Dios mismo ha dicho repetidamente a través de todas las etapas de la humanidad; "Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra" (D. y C. 42:22) y "No... cometerás adulterio, ni harás ninguna cosa semejante" (D. y C. 59:6).
He vivido lo suficiente para saber que ésta no es la primera vez que este tema se menciona; pero por la misma razón también sé que, a pesar de todo lo que se ha dicho, escrito, leído y repetido, hoy en día vivimos en un mundo tan empapado de ideas trágicamente impropias e inicuas referentes a las relaciones Sexuales, que debemos ser amonestados con amor y bondad, pero amonestados, no obstante, clara y manifiestamente, no sea que la enfermedad letárgica moral que ha hecho presa de este mundo nos contamine con adormecimiento mortífero. En general, soy un hombre más bien calmado y razonable; pero en lo que toca a este tema particular de la moralidad sexual, estimo que nuestra sociedad se encuentra bajo el dominio del maligno, aun en los momentos mismos en que tantos se sienten más "libres" que nunca.
Hay una razón por la cual la palabra "diabólico" aparece en las Escrituras inmediatamente después de los términos carnales y sensuales. En la Perla de Gran Precio leemos: "Y Satanás vino entre ellos... y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser camales, sensuales y diabólicos" (Moisés 5:13), y lo fueron de tal manera, que llegó el momento siniestro en que Caín mató a su hermano Abel. Entonces Caín puso de manifiesto la forma total en que admitió la promesa de Satanás de brindarle "ganancia" temporaria, y ésta, a cambio del alma eterna de Caín. Leemos que la historia dice: "Caín se levantó contra Abel, su hermano, y lo mató. Y Caín se glorió de lo que había hecho, diciendo: Estoy libre" (Moisés 5:32-33).
En realidad, cuando Caín dijo "estoy libre", era más esclavo que nunca. ¿Os dais cuenta de la razón por la que los líderes de la Iglesia nos indican que no veamos películas inmorales ni en el cine ni en la televisión? ¿Podéis ver por qué nos suplican que evitemos las drogas, el alcohol, la música vulgar y demás frutos de mentes carnales, que nos rodean casi como las aguas rodean al pez en el mar? Todas esas cosas no son en modo algunos insignificantes. Nos hallamos cerca del final de una batalla que tenemos que pelear hasta lo último, y para lo cual debemos echar mano de todos los recursos.
También quisiera hacer mención, paralelamente, al aspecto más positivo de la ley de castidad, dado que esa parte de la ley es muy importante. El élder Packer dijo: "¡Ah!, jóvenes... los requerimientos de la Iglesia son la autopista que conduce al amor, la cual tiene barandas de hierro firmemente asentadas a sus costados en la que se os brinda ayuda a lo largo del camino. Cuan insensatos son los jóvenes que consideran que la Iglesia es un vallado que les impide el paso hacia el amor!... ¡Cuan afortunada es la persona joven que sigue las normas de la Iglesia, aun cuando no sea sino por mera obediencia o por simple costumbre, porque llegará a sentirse transportada de regocijo!" (Eternal Love, págs. 5-6.)
Las Escrituras y los profetas nos aconsejan ser virtuosos, no porque el amor romántico sea malo, sino precisamente porque el amor romántico es bueno; y no sólo es bueno, sino que es puro y valioso, lo mismo que sagrado y santo. Por esa misma razón, una de las más viles artimañas de Satanás tiene comofin hacer profano lo que es sagrado. Es como si Satanás exhibiera ante el mundo una imagen depravada del amor sexual y lo insinúa valiéndose de la imagen de hombres borrachos, obscenos que hablan a gritos y entre risotadas en un burdel, situado en una congestionada y polvorienta carretera de la vida, donde la flor de la virtud de la mujer se trata con desprecio, con brutalidad y es por último destrozada por manos inmundas.
Mientras tanto, allá arriba, en los frescos y protegidos valles de las elevadas montañas, la flor inapreciable de la virtud crece inmaculada y pura; y allí aguarda, como premio magnífico, a los pocos valientes que estén dispuestos a subir a sus alturas pagando el precio de la paciencia, la obediencia y toda una vida de dedicación una vida de lealtad interminable, desprovista de todo egoísmo al cónyuge y a los hijos a quienes servimos, únicamente si nos encontramos en el servicio de nuestro Dios.
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