
Hay un verso Anónimo, citado por Richard L. Evans en“The Quality of Kindness”, Improvement Era, mayo de 1960, pág. 340, que dice:
Muchas veces he llorado,
por la falta de visión,
que frente a la necesidad de otros
me cegó;
pero jamás mi alma ha sentido
un dejo de tristeza
porque dentro de mi pecho
exista un gran corazón
“Es difícil para los que son jóvenes entender la soledad que se siente cuando la vida cambia de una época en la que te preparas para vivir y trabajar, a otra en la que aminoras tu participación en la vida… Ser por tanto tiempo el centro de un hogar, ser una persona a la que siempre se recurría, y entonces, casi de repente, encontrarte como un espectador, ver la vida pasar frente a ti… eso es vivir en la soledad… Se tiene que vivir mucho tiempo para apreciar lo vacía que está una habitación que sólo está llena de muebles; se necesita a alguien… que no sea personal asalariado o que no tenga deberes profesionales en un hogar de ancianos, para que avive los recuerdos del pasado y los mantenga vibrantes en el presente… No podemos devolverles las horas matinales de la juventud, pero podemos ayudarlos a vivir en el cálido brillo de un atardecer que se embellece más con nuestra bondad… y amor sincero”
Richard L. Evans, “Living into Loneliness”, Improvement Era, julio de 1948, pág. 445.
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