
Cuando pasamos por un hermoso edificio de ladrillo rojo, situado sobre una colina, el conductor nos informó: “En ese edificio se reúnen los mormones”.
Se escuchó la voz de una mujer que, desde el fondo del autobús, preguntó: “Señor, ¿puede decirnos algo acerca de los mormones?”. El conductor detuvo el autobús cerca de la acera, se dio vuelta y respondió: “Señora, todo lo que sé acerca de los mormones es que se reúnen en ese edificio de ladrillo rojo. ¿Hay alguien en este autobús que sepa algo acerca de los mormones?”.
Busqué en las expresiones de cada persona alguna señal de que supieran algo, que tuvieran algún deseo de comentar. No encontré nada, ni una sola señal. Entonces descubrí cuán ciertas son las siguientes palabras: “Cuando llega el momento de decidir, el tiempo de prepararse ya pasó”. Durante los quince minutos que siguieron, tuve el privilegio de dar, como dijo Pedro, una “razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). En aquel momento, llegué a valorar mucho más la preparación.
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