
La cultura popular de hoy en día trata de menoscabar y degradar su rol eterno como patriarca y como padre, y de minimizar sus responsabilidades más importantes. Esas responsabilidades se les han concedido “por designio divino” y el padre debe “presidir [su] familia con amor y rectitud, y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida para su familia y de proporcionarle protección”.
Padres, ustedes son los guardianes de sus hogares, de su esposa y de sus hijos. En la actualidad “no es fácil proteger a nuestra familia contra las intrusiones del maligno en [sus] mentes y sus espíritus… Esas influencias pueden y se filtran libremente en el hogar. Satanás es muy inteligente; no necesita derrumbar la puerta”.
Padres, ustedes deben ser los guardianes de la virtud. “Un poseedor del sacerdocio es virtuoso. El ser virtuoso supone que sus pensamientos [son] puros y sus acciones limpias… La virtud [es]… una cualidad de la divinidad… que está emparentada con la santidad”.
Ustedes son los guardianes de su hija en más que el sentido legal. Estén presentes en la vida de ella; háganle saber cuáles son las normas de ustedes, sus expectativas, sus esperanzas y sueños para el éxito y felicidad de ellas. Tengan entrevistas con ella, conozcan a sus amigos y, cuando llegue el momento, a sus enamorados. Ayúdenla a entender la importancia de una preparación académica; ayúdenla a entender que el principio de la modestia es una protección; y ayúdenla a escoger música y otros medios de comunicación que inviten al Espíritu y que estén en armonía con su identidad divina. Sean parte activa en la vida de ella y, si en sus años de la adolescencia no vuelve a casa a la hora que debe de una cita, vayan a buscarla. Ella se resistirá y les dirá que arruinaron su vida social, pero en su interior sabrá que la aman y que se interesan lo suficiente por ella para ser su guardián.
Ustedes no son hombres comunes. Debido a su valentía en la esfera premortal, calificaron para ser líderes y poseer el poder del sacerdocio. Allí “[escogieron] el bien” y ejercieron “una fe sumamente grande”, y están aquí ahora para hacer lo mismo. El sacerdocio que poseen los distingue de los demás.
Eliane Dalton
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