
“Abuela, ¿ése es un poseedor del sacerdocio de verdad?” “Abuela, ¿ése es un esposo de verdad o un padre de verdad?” o “Abuela, ¿ése es un miembro de la Iglesia de verdad?”
He aprendido que la clave para llegar a ser de verdad en todos los aspectos de nuestra vida radica en la habilidad que tengamos de enseñar de una manera que no limite el aprendizaje. Fíjense que la vida de verdad requiere un aprendizaje de verdad que depende de una enseñanza de verdad. “La responsabilidad de enseñar [eficazmente]… no se limita a quienes hayan recibido un llamamiento oficial como maestros”. De hecho, cada miembro de la familia, líder y miembro de la Iglesia (inclusive a los jóvenes y niños) tiene la responsabilidad de enseñar.
Aunque todos seamos maestros, debemos comprender cabalmente que el Espíritu Santo es el verdadero maestro y testigo de toda verdad. Los que no logran entender eso, tratan bien sea de sustituir al Espíritu Santo y hacer todo por su propia cuenta, o bien invitan amablemente al Espíritu para que esté con ellos sólo en función de apoyo, o creen que están entregando toda su enseñanza al Espíritu cuando, en realidad, sólo están “improvisando”. Todos los padres, líderes y maestros tienen la responsabilidad de enseñar “por el Espíritu”. No deben enseñar “en frente del Espíritu” ni “detrás del Espíritu”, sino “por el Espíritu” para que el Espíritu enseñe la verdad sin restricciones.
Con las condiciones actuales del mundo, necesitamos desesperadamente en nuestros hogares, reuniones y clases del Evangelio un aprendizaje y una enseñanza de verdad. Sé que su afán por mejorar a veces puede parecer abrumador. Por favor, no se desanimen si su progreso es limitado.
Matthew O. Richardson
Conferencia General Octubre 2011- Sesión del Domingo por la tarde
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