
A menudo nos sentimos muy identificados con el profeta Alma, por la forma que tuvo de confesar sus imperfecciones y la necesidad que tenía de arrepentirse. Sus pecados son bien conocidos para nosotros: junto con los hijos de Mosíah, se había dedicado a destruir la Iglesia; habiendo elegido un camino equivocado, sentía placer en lograr que otros se extraviaran por él.
Pero, en medio de ese comportamiento, un ángel había conseguido que se produjera en él un cambio total, al darle este mensaje: " . . .Alma, sigue tu camino, y no trates más de destruir la Iglesia... aun cuando tú de ti mismo prefieras ser desechado." (Mosíah 27:16.).
Muchos años más tarde, surge la historia de la sincera declaración de dolor de un padre afligido. Sus palabras encierran la instrucción más significativa que conozco en cuanto al arrepentimiento, el perdón y la misericordia de Dios. Este gran mensaje se encuentra en los capítulos 39 a 42 de Alma. Coriantón, hijo de Alma, había abandonado la misión a la cual había sido llamado, para correr en pos de una prostituta llamada Isabel.
Muchos otros se habían ido con él, y al tratar de encontrar excusas para lo que había hecho, le dijo a su padre algo más o menos así: "Mira, padre, los tiempos han cambiado, no te enojes. Esto es lo que todos hacen en el mundo actualmente".
Por todo lo que observamos en el mundo actual, podemos ver clara mente que la situación de Coriantón es tan común ahora como lo era entonces. El pecado que había cometido era algo muy real, como también lo era el riesgo que corría; y su dificultad para aceptar que había pecado era tan seria, que su misma salvación dependía de ello.
¿Qué hizo Alma por su hijo? Quizás pensemos que debería haberse sentido inclinado a ser blando y compasivo con él, por las experiencias que él mismo había pasado en su juventud. Pero Alma sabía que tenía que hacer comprender a su hijo la total perdición que le esperaba, si no aceptaba la gravedad de su situación.
Alma le dijo algo que parafrasearé de la siguiente manera: "Lo que has hecho, sólo el asesinato puede superarlo en gravedad ante los ojos de Dios. Has arriesgado todo lo más dulce y hermoso que podrías haber logrado en este mundo y en la vida venidera, y piensas que Dios te castigará un poquito y luego te perdonará, a pesar de que no haces nada por arrepentirte y reconocer tu pecado. Estás totalmente equivocado". Debe de haber sido una escena muy conmovedora la de aquel padre recordando sus propias malas experiencias, y sintiendo la angustia de ver a su hijo en un camino igualmente desviado y preguntarse si sería capaz de arrepentirse como él lo había hecho.
Pero, finalmente, Coriantón reaccionó, se detuvo en su extravío y le dijo a su padre palabras como las siguientes: "Está bien, padre, aceptaré la responsabilidad por mi comportamiento. Reconozco mi culpa y siento pesar por lo que he hecho". No se nos dice mucho sobre lo demás que sucedió, pero podemos imaginárnoslo.
Vemos después cómo Alma enseña a su hijo con fervor y gozo sobre la expiación de Jesucristo, su propósito y significado; y lo insta a seguir los buenos consejos y a tomar el ejemplo de sus hermanos, que han sido obedientes y firmes en la fe. Luego, termina diciéndole:
"Y ahora, hijo mío, quisiera que dejaras de inquietarte por estas cosas, y que sólo te preocuparas por tus pecados, con esa zozobra que te conducirá al arrepentimiento." (Alma 42:29.).
Coriantón tuvo que aprender a buscar y aceptar el perdón de Dios, y a perdonarse él mismo.
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