
Qué podemos hacer para luchar contra la violencia que parece cundir como mala hierba en las naciones de todo el mundo? Expertos observadores temen que dentro de una década el ser humano se encuentre totalmente sumido en el crimen; esta posibilidad es, sin duda alguna, atemorizante, porque en el crimen y la violencia se encuentran las semillas del caos e incluso, de la ruina de las civilizaciones.
Demasiado a menudo contemplamos la violencia como algo que afecta a otras personas o a otros países, o como a un vicio característico del hampa. Pero nada puede estar más lejos de la verdad; la corrupción ha invadido los altos círculos sociales, la deshonestidad ha corroído el mismo corazón de nuestra estructura social; y si estos males no se examinan y tratan de eliminarse, no podremos sobrevivir como raza civilizada.
El Señor ha amonestado firmemente a toda América mediante el Libro de Mormón; sus páginas están repletas de evidencias sobre la destrucción de aquellos pueblos que se alejaron de la justicia. La advertencia es clara y directa: o los habitantes de la tierra se arrepienten, o serán destruidos.
Ahora bien, nos hacemos la pregunta: ¿Quiénes son los culpables de la violencia? La primera respuesta que se nos ocurre es "los criminales". Y es indudable que ellos practican la violencia. Pero, ¿son ellos los únicos? Quizás nos sorprendiera mucho comprender que cada persona que viola la ley y los preceptos divinos del Señor es un violador y, hasta cierto punto, un "violento".
Si violamos las leyes de rectitud y justicia nos estamos poniendo nosotros mismos en esa posición. Y si nosotros, que profesamos "obedecer, honrar y sostener la ley", cedemos aunque sea en forma ínfima a esa tentación, ¿podremos acaso criticar a otros porque hagan cosas peores que nosotros? El individuo fuerte formará una familia fuerte; las familias fuertes fortalecerán a la comunidad y las comunidades fuertes, harán poderosa a la nación.
Si cada persona dejara de robar, de mentir y de estafar; si cada uno de nosotros cesara en las prácticas pervertidas e hiciera a un lado el egoísmo y la ambición, entonces habríamos dado un gran paso para eliminar la violencia en todos sus aspectos.
Si realmente deseamos alcanzar esa meta, debemos comenzar en nuestro propio hogar, con nuestra propia familia, en una base individual y personal.
Debemos tratar de eliminar la violencia de nuestro carácter, de nuestras palabras, de nuestras acciones; erradicarla de nuestros televisores, de nuestra música, de nuestra lectura; borrarla totalmente de nuestros pensamientosy sentimientos; y substituirla con honestidad absoluta, amor y tolerancia.
Comentarios
Publicar un comentario