
Acabo de regresar de una experiencia espiritual, fui invitado a mi ex barrio que esta de conferencia a compartir un taller sobre el asunto de las visitas a nuestros hermanos menos activos y estaba recordando lo aprendido de Dan Workman en cuanto a como enfrentar como maestros la critica en forma positiva y eficaz.
El caso es este:
Habían llegado los maestros orientadores, y apenas se habían sentado para hablar con la familia, cuando el hijo adolescente se apresuró a preguntar:
—¿Cómo podemos decir que la nuestra es la única Iglesia verdadera, cuando algunos de mis mejores amigos no son mormones y creen tanto en la veracidad de su religión como nosotros en la nuestra?
Una mirada al padre del joven dio por resultado un leve encogimiento de hombros como diciendo: Nosotros ya hemos tratado de contarle. Ahora les toca a ustedes. El mayor de los maestros orientadores quedó en silencio un momento, v después dijo:
—Bueno, Carlos, tu pregunta me parece sincera. Me recuerda algo que me sucedió cuando yo mismo tenía un par de años más de los que tú tienes ahora. Cuando me alejé de la casa de mis padres y decidí ir a la universidad por primera vez, metí en las valijas ciertas ideas fijas que tenía. Llamémoslas prejuicios.
Pensaba que dejaba la vida simple de una granja, donde había llevado una existencia protegida, para ir a una gran ciudad inicua, donde tendría que poner a prueba en todo momento los principios que se me habían enseñado; esto, por supuesto, no sucedió.
Me sorprendió que la mayoría de mis compañeros fueran personas excelentes. Algunos de ellos concurrían a una iglesia distinta de la mía, y otros ni siquiera iban a ninguna. Al observar su comportamiento, a veces me preguntaba si yo habría sido capaz de ser tan honrado como muchos de ellos si no me hubiera criado con las creencias de la Iglesia Mormona.
Tal vez tú mismo te hayas hecho esa pregunta. Carlos asintió con la cabeza, y el maestro orientador continuó.
—De manera que, cuando decimos que somos miembros de la única Iglesia verdadera, no estamos diciendo que somos superiores a otras personas ni que somos los únicos que se preocupan por hacer el bien. Queremos decir que ésta es la única Iglesia que el Señor ha autorizado, por medio del poder del sacerdocio, para predicar su evangelio y efectuar las ordenanzas necesarias para la salvación.
Queremos que todas las personas posean este conocimiento, que es de beneficio para su vida espiritual... La charla continuó tranquilamente. Después de buscar el pasaje que dice: "Un Señor, una fe, un bautismo" (Efesios 4:5), y algunos otros similares, Carlos sintió que había recibido una respuesta satisfactoria a su pregunta.
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