
Hubo una convocatoria para el SEI, y hoy en la mañana me encontre con 02 ex empleados y converse sobre su experiencia con el nuevo contratado,además supe de algunos que habian han postulado. Entre conversacion y otra me hizo recordar una hermosa lección y la comparto a fin de que sea de ayuda en alguna ocasión:
Al rayar el alba, un jardinero se puso a podar sus árboles frutales. Entre ellos estaba uno que había producido muchas ramas, por lo que el jardinero temió que diera poco fruto. Así que empezó a podarlo, cortando aquí y allá, y volviendo a cortar. Cuando terminó, no quedaban del árbol sino unas cuantas ramas unidas al tronco.Con ternura el jardinero dirigió la vista hacia el árbol, que parecía haber quedado muy triste y lastimado. Casi podía ver una lágrima en cada rama donde el machete había cortado.
El pobre árbol parecía querer hablarle, y le pareció oir que le decía:
"¿Cómo pudiste ser tan cruel conmigo, tú que dices ser mi amigo, que me plantaste y me has cuidado desde que yo era nada más que un retoño, y me cultivaste con el afán de que creciera? ¿No viste cuánto había crecido? Ya estaba casi tan alto como los otros árboles, y en poco tiempo hubiera llegado a ser como ellos. Pero me has cortado las ramas; he perdido mis hojas verdes y atractivas, y hasta mi dignidad entre todos los árboles del huerto".
El jardinero observó al árbol sollozante, y escuchó sus quejas con compasión. Le respondió con toda bondad: "No llores; lo que te hice era necesario para que pudieras ser un árbol valioso en mi huerto. Tú no eres un árbol de sombra, o para dar abrigo a las aves en tus ramas. Te planté para que dieras fruto; si quiero fruta, no podría obtenerla de otros árboles, por más altos y frondosos que sean.
No, amigo árbol, si yo hubiera permitido que siguieras creciendo como ibas, toda tu fuerza se hubiera ido en las ramas; tus raíces no hubieran desarrollado firmeza, y se hubiera frustrado el propósito por el que te traje a mi huerto.
Tu lugar lo hubiera ocupado otro, pues habrías sido estéril. No debes llorar; todo esto resultará en tu bien, y algún día, cuando veas las cosas con más claridad y estés cargado de fruto exquisito, me agradecerás y dirás: 'Mi jardinero era sabio y de veras me amaba. Él sabía el propósito de mi existencia, y ahora le agradezco por lo que entonces creí que era crueldad".
Años después, el jardinero mismo se hallaba en otras tierras, y estaba progresando. Estaba orgulloso de su posición y tenía ambiciones y planes para el futuro. Un día se produjo una importante vacante en su trabajo y él era el indicado para ocuparla. La meta a la que aspiraba estaba ahora a su alcance, y se sentía muy satisfecho del progreso tan rápido que había logrado. Mas por alguna razón desconocida para él, se escogió a otro en su lugar, y él fue llamado a ocupar otro puesto relativamente sin importancia y eso resultó en que sus amigos pensaran que era un fracasado.
El ex jardinero llegó a su casa, se arrodilló a la orilla de su cama y empezó a llorar. Sabía que ya no había esperanzas de que pudiera lograr lo que había anhelado tanto. Dirigió su voz a Dios, y le dijo: "¿Cómo pudiste ser tan cruel conmigo, tú, que dices ser mi amigo, que me trajiste a estas tierras extrañas y me has cuidado con el afán de que creciera? ¿No viste que ya me hallaba casi a la altura de los hombres que siempre he admirado? Pero me has cortado las oportunidades, y hasta mi dignidad y respeto he perdido entre mis semejantes. ¿Cómo pudiste hacerme eso?".
Se sentía humillado y disgustado, con amargura en su corazón, cuando le pareció escuchar un eco proveniente del pasado. ¿Dónde había oído antes esas palabras? Le parecían conocidas. La memoria le dijo en un susurro: "aquí yo soy el jardinero". Enfocó su memoria y recordó. Sí, el árbol frutal. Pero, ¿por qué recordaba ese incidente, por tanto tiempo olvidado, en esta hora de tragedia? Y la memoria, otra vez, le respondió con palabras que él mismo había pronunciado: "No llores... lo que te hice era necesario... Tú no eres un hombre como los demás... Si yo hubiera permitido que siguieras creciendo como ibas...se hubiera frustrado el propósito por el que te mandé a este mundo. No debes llorar; algún día, cuando estés cargado de experiencia, dirás: 'Mí jardinero era sabio. El sabía el propósito de mi existencia mortal, y ahora te agradezco por lo que entonces creí que era crueldad' ".
Sus propias palabras fueron la respuesta a su oración. En su corazón ya no había amargura cuando volvió a dirigirse a Dios, y le dijo: "Ahora sé quién eres. Tú eres el jardinero, y yo, el árbol frutal. Ayúdame, bendito Dios, a sobrellevar la poda, y a crecer como tú esperas que yo crezca, para que pueda ocupar mi lugar asignado en la vida, y para que mi corazón siempre diga: 'No se haga mi voluntad, sino la tuya' ".
El tiempo pasa. Luego de cuarenta años, el ex jardinero y oficial está sentado junto a la chimenea, con su esposa, hijos y nietos. Les relata la historia del árbol frutal, su propia historia, y al arrodillarse con ellos en oración, dice con reverencia:" Padre, ayúdanos a comprender el propósito de nuestra existencia, y a estar siempre dispuestos a someternos a tus deseos, y no insistir en los nuestros. Porque recordamos que en otro huerto, llamado Getsemaní, el más escogido de todos tus hijos fue glorificado por someterse a tu voluntad'
"Parábola del jardinero y el árbol frutal" (Hugh B. Brown, Eternal Quest, Bookcraft, 1956, pp. 243-246).
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