
Carlos tenía otras preguntas que le molestaban, las cuales surgían durante sus conversaciones con amigos, preguntas y dudas que preocupaban a sus padres. Aunque ellos mismos eran inactivos, deseaban que su hijo tuviese una actitud positiva hacia la Iglesia, pero no tenían las respuestas que el joven necesitaba.
De manera que, cuando los maestros orientadores se retiraron, quedó acordado que volverían a visitarlos una vez por semana para enseñar a la familia los principios del evangelio, escogiendo los temas de una lista que ellos mismos prepararían. Después de cada lección, los miembros de la familia podrían hacer cualquier pregunta
que desearan.
Este sistema funcionó muy bien. En otra visita, Carlos les preguntó otra cosa que le había estado perturbando:
—¿Por qué construye la Iglesia tantos edificios caros, cuando hay tantas personas en el mundo que se están muriendo de hambre?
Los maestros orientadores encararon ésta de manera muy similar a la anterior. Al analizarla, descubrieron que estaba compuesta de dos partes: (1) había expresado un sentimiento de preocupación por las personas necesitadas del mundo, y (2) había emitido un juicio con respecto a la cantidad de dinero que la Iglesia gasta en la construcción de edificios.
Habiendo dividido la pregunta en los elementos positivos y negativos, pudieron enfocar la atención en lo positivo, ya que mientras el interés principal fuera por los necesitados, todos podrían estar en común acuerdo.
Uno de los maestros orientadores dijo:
—Carlos, cuando mencionas a los
pobres, estás señalando uno de los puntos más importantes que preocupan a la Iglesia. Supongo que ha habido muy pocas ocasiones en las que el Señor se ha sentido complacido con la gente del mundo y su manera de vivir. Sin embargo, encontramos un buen ejemplo en Sión, la ciudad de Enoc.
Buscó el pasaje en las Escrituras, y le entregó el libro a Carlos, pidiéndole que leyera el versículo 17. Carlos entonces leyó:
—"Y el Señor llamó SION a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en justicia; y no había pobres entre ellos." (Moisés 7:18.)
—No debe haber pobres en Sión
—explicó el maestro orientador—, y es por eso que la Iglesia procura hacer algo al respecto.
A continuación, mencionó el programa de preparación personal y familiar, donde se enseña e insta a las familias a prepararse obteniendo una buena educación, a ser productivos, a mejorar sus posibilidades de empleo, a prevenir problemas por medio del almacenamiento de comestibles, ropa y combustible necesarios, y a cuidar su salud, tanto física como emocional.
Entonces añadió:
—Tú mencionaste los edificios, los cuales son sitios donde acudimos para adorar y para aprender estas cosas que son tan importantes para nuestro beneficio.
—Es cierto —asintió su compañero—. Yo recuerdo bien cuando viví en un pequeño pueblito en otra parte del país. No había muchos miembros cuando nos convertimos, y estábamos ansiosos por aprender más.
No te puedes imaginar qué importante era para nosotros tener un lugar donde nos pudiéramos reunir y aprender. Edificamos una capilla en ese lugar; fue un gran sacrificio, pero no sentimos ni la más mínima duda en cuanto a lo necesario y práctico que nos era tener ese edificio.
¡Toda construcción es cara! Nosotros nos esmeramos por poner en nuestra capilla toda la belleza y excelencia que nuestros fondos limitados nos permitieron.—Y, ¿de dónde viene el dinero?
—preguntó Carlos.
—De nosotros. Es dinero tuyo y mió —contestó el hermano—, y es por eso que cuidamos cada centavo.
Los centros de reuniones y los templos están todos bien construidos, pero no son extravagantes. Y quisiera decirte que es difícil expresar el cambio que éstos llevan a la vida de un nuevo converso, aun de gente pobre como lo éramos nosotros.
La Iglesia nos ha mejorado en muchos aspectos, pienso que hasta en nuestro nivel de vida. Por eso es que creo sinceramente que el evangelio es la solución a la pobreza y al sufrimiento, ya sean .físicos o espirituales, de todos los seres humanos.
En este caso los maestros orientadores tuvieron éxito con Carlos porque "caminaron" en el mismo sentido que seguían sus pensamientos, sin contribuir a la duda que el joven sentía. Pasaron por alto el tono de amargura de su pregunta, fortalecieron sus sentimientos positivos y convirtieron una experiencia que tenía la posibilidad de ser negativa en un momento de grata enseñanza.
Estos mismos pasos pueden usarse perfectamente aun en situaciones donde se suscite la crítica hacia líderes de la Iglesia o hacia otros miembros. Sea cual sea el juicio, debemos comenzar con cualquier aspecto positivo que haya en la conversación, como por ejemplo la sola idea de que cada líder, cada miembro de la Iglesia, puede ser perfecto.
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