
A los niños de todo el mundo decimos: “Toma mi mano. Aférrate. Permaneceremos juntos en la senda de regreso a nuestro Padre Celestial”. Padres, abuelos, vecinos, amigos, líderes de la Primaria, cada uno de nosotros puede tender la mano para que los niños se aferren a nosotros.
Podemos detenernos, arrodillarnos, mirarlos a los ojos y sentir su deseo innato de seguir al Salvador. Tómenlos de la mano. Caminen con ellos. Es la oportunidad que tenemos para anclarlos en la senda de la fe. Ningún niño tiene que caminar solo por la senda.
Comenzamos a dar a conocer el plan a nuestros hijos cuando nosotros mismos nos aferramos a la barra de hierro.Una vez que estamos aferrados a la barra de hierro, estamos en una posición de poner nuestras manos sobre las de ellos y caminar juntos por el sendero estrecho y angosto. Nuestro ejemplo se magnifica ante sus ojos Seguirán nuestro ejemplo cuando se sientan seguros en nuestros actos. No tenemos que ser perfectos, sólo honrados y sinceros.
Los niños desean sentirse uno con nosotros. Cuando un padre dice: “¡Podemos hacerlo! Podemos leer las Escrituras diariamente como familia”, ¡los hijos lo seguirán! Si nosotros no lo hacemos, el mundo enseñará a nuestros hijos, y los niños son capaces de aprender todo lo que el mundo les enseñe a muy temprana edad. Lo que deseamos que sepan de aquí a cinco años debe ser parte de la conversación que tengamos con ellos ahora.
Enséñenles en toda circunstancia; que cada dilema, cada consecuencia, cada prueba que afronten les brinde una oportunidad de enseñarles cómo aferrarse a las verdades del Evangelio.
Rosemary M. Wixom - Presidenta General de la Primaria
Liahona Noviembre 2010
Comentarios
Publicar un comentario