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“Si juzgan a las personas, no tendrán tiempo de amarlas”.



Lisa y John, una pareja joven, se mudaron a un nuevo vecindario. Una mañana, mientras desayunaban, Lisa miró por la ventana y observó cómo la vecina de al lado colgaba la ropa lavada. “¡Esa ropa no está limpia!”, exclamó Lisa. “¡Nuestra vecina no sabe cómo lavar la ropa!”John continuó observando pero permaneció en silencio.

Cada vez que su vecina colgaba la ropa lavada para que se secara, Lisa hacía los mismos comentarios.Algunas semanas después, Lisa se sorprendió al mirar por la ventana y ver ropa lavada, prolija y limpia, que colgaba en el patio de la vecina. Le dijo a su esposo: “¡Mira,John, finalmente ha aprendido a lavarla bien!Me pregunto cómo lo hizo”.

John respondió: “Bien, yo te contestaré, querida. Quizás te interese saber que esta mañana me levanté temprano y lavé nuestras ventanas”.

¿Miramos por una ventana que debe limpiarse? ¿Juzgamos a pesar de no conocer todos los hechos? ¿Qué vemos cuando miramos a otras personas? ¿Qué juicios emitimos sobre ellas? Dijo el Salvador: “No juzguéis”. Continuó: “Y ¿por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, mas no te fijas en la viga que está en tu propio ojo?”. Parafraseando: ¿Por qué miras lo que crees que es ropa mal lavada en la casa de tu vecina, mas no te fijas en la ventana sucia de tu propia casa?

No sólo tendemos a juzgar las acciones y palabras de los demás, sino que muchos de nosotros juzgamos las apariencias: la ropa, el cabello, el tamaño. La lista podría ser interminable.Las apariencias pueden ser muy engañosas, y un parámetro pobre para juzgar a una persona. El Salvador amonestó: “No juzguéis según las apariencias”.

Yo pregunto: Si las actitudes, actos e inclinaciones espirituales se reflejaran en los rasgos físicos, ¿sería el rostro de la mujer que se quejó tan adorable como el de la que ella criticó?

Mis queridas hermanas, cada una de ustedes es única. Ustedes son diferentes entre sí en muchas formas.¿Nos tientan dichas diferencias a juzgarnos los unos a los otros?La Madre Teresa, una monja católica que trabajó entre los pobres de India la mayor parte de su vida, dijo una profunda verdad: “Si juzgan a las personas, no tendrán tiempo de amarlas”.

La caridad es tener paciencia con alguien que nos ha defraudado. Es resistir el impulso de ofenderse con facilidad. Es aceptar las debilidades y los defectos. Es aceptar a las personas como realmente son. Es ver, más que las apariencias físicas, los atributos que no empalidecerán con el tiempo.Es resistir el impulso de categorizar a otras personas.

Pdte Thomas S. Monson(Reunion General de Soc.Soc. Sept 2010)

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