
La fe es un principio de acción y de poder” requiere que hagamos y no que simplemente creamos, requiere un entendimiento y un conocimiento correcto de Jesucristo, de Sus atributos, Sus enseñanzas, de la Expiación; y la obediencia a esos principios genera una confianza total en Él.
En épocas inestables y difíciles como estas No existe otro fundamento en la vida que aporte el mismo gozo, la misma paz y esperanza., Podemos dar a nuestros hijos una formación académica, clases, deportes, arte y bienes materiales, pero si no les damos fe en Cristo, les hemos dado poco.
Algo que aprendi de "Creamosle a Cristo" de Stephen E. Robinson fue que: "Hay personas que creen en Cristo, pero no le creen a Cristo. El Señor dice: "Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Es decir Puedo hacerte puro, digno y celestial", y ellas responden, "No, no puedes. El evangelio actúa de esa forma sólo en otras personas, pero no en mí.
No obstante, las "buenas nuevas" del Evangelio son buenas nuevas para mí, no porque prometen que otras personas mejores que yo se pueden salvar, sino porque prometen que yo puedo ser salvo pese a todas mis limitaciones e imperfecciones., Mientras no acepte esa posibilidad, mientras no le crea yo a Cristo cuando dice que Él puede llevarme a Su reino y ser coheredero con El, no habré aceptado completamente las buenas nuevas del evangelio; habré, más bien, aceptado al mensajero y rechazado Su poderoso mensaje.
A menudo pensamos que tener fe en Cristo significa solo creer en Su identidad como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. Pero creer en la identidad de Jesús como el Cristo, es apenas la mitad de este asunto. La otra mitad es creer en Su capacidad, en Su poder de purificar y salvar de convertir en personas dignas a los indignos hijos e hijas de Dios. No sólo debemos creer que Él es quien dice ser, sino que también debemos creer que Él puede hacer lo que dice poder hacer. No solamente debemos creer en Cristo, sino que debemos creerle a Él cuando dice que puede purificarnos y hacernos celestiales.
En tanto no aceptemos la posibilidad real de ser exaltados en el reino de Dios, no podemos decir que tenemos fe en Cristo, y no podemos decir que creemos.
He servido presidiendo 02 veces una unidad y he sido maestro en la iglesia por muchos años más y he oído muchas variaciones en cuanto a la misma falta de fe por ejemplo:
"No, puedo esperar recibir las mismas bendiciones que los miembros de la Iglesia que son fieles"
"no puedo aspirar a ser exaltado he faltado me he arrepentido ahora en adelante seré fiel pero de ninguna manera puedo recibir la exaltación después de lo que hice"
Otros que sin cometer faltas graves dicen:
"Qué va; no tengo la más mínima esperanza de ser exaltado. No valgo nada. Soy un miembro común y corriente, No tengo demasiado para ofrecer, así que tampoco espero recibir demasiado en la otra vida. o simplemente "Yo contento con ir al Terrestre"
Son Muchos los que piensan no estar hechos para heredar la gloria celestial". Pero testifican "Yo sé que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios." a ellos les digo "Sí", "usted cree en Cristo, pero no le cree a Cristo. El dice que puede hacerle para que herede la gloria celestial, y como enseña Alma sentarse con Abraham, Isaac y Jacob por medio de su expiación y usted tiene la audacia de sentarse allí y decir 'No, no puede'. No tengo duda de que usted cree usted cree que Cristo hace promesas que no puede cumplir.
Si sólo creemos en Cristo sin creerle a Él, es como estar sentados en casas frías y obscuras, rodeados de lámparas y calentadores, y creer en la electricidad sin aprovecharla.
Ésa es la razón por la que la fe genuina en Cristo, o sea, la aceptación activa de Su poder y no la mera creencia pasiva en Su identidad, es y debe siempre ser el primer principio del evangelio. No importa cuánto aprendamos s, ni cuánto creamos en teoría, en tanto no aceptemos la realidad de nuestra propia salvación, seguiremos en el frío y en la obscuridad de la incredulidad.
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