
Nuestras doctrinas censuran a aquellos que cometen actos de violencia,físicos verbales ,en contra de aquellas personas que se piensa que participan en un comportamiento homosexual o lesbiano.
Debemos brindar compasión a las personas que padezcan enfermedades, incluso a las que estén infectadas con el VIH o que estén enfermas de SIDA (sea que la hayan contraído o no a través de relacione sexuales).
A esas personas les debemos extender la invitación a participar en las actividades de la Iglesia. Al aplicar la distinción que hace la Primera Presidencia al asunto de las relaciones entre personas del mismo sexo, debemos diferenciar entre
(1) “pensamientos y sentimientos” homosexuales (o lesbianos), los cuales se deben resistir y llevar por otro camino.
(2) “los actos homosexuales” (lo cual es un pecado serio).
Debemos destacar que las palabras homosexual [y]lesbiana son adjetivos que describen pensamientos, sentimientos o comportamientos particulares. Debemos evitar el emplear estas palabras como sustantivos para señalar características particulares o personas específicas; nuestra doctrina religiosa impone este uso. No está bien usar esas palabras para indicar un estado, ya que esto implica que una persona es destinada, desde el nacimiento, a una circunstancia en la que no tiene voz en lo que respecta
al asunto tan sumamente importante del comportamiento sexual.
Los sentimientos son otra cosa; algunos parecen ser innatos mientras que otros resultan de las experiencias mortales. Además,algunos sentimientos son el resultado de una compleja interacción de la naturaleza y de que se fomenten esos sentimientos. Todos experimentamos algunos sentimientos que nosotros no elegimos,pero el Evangelio de Jesucristo nos enseña que, no obstante, tenemos el poder para resistir y reformar nuestros sentimientos (según sea necesario) para garantizar que no nos lleven a abrigar pensamientos indebidos o a participar en un comportamiento pecaminoso.
Las personas poseen distintas características físicas y [son]susceptibles[en grados] diferentes a las diversas presiones físicas y emocionales que tal vez afronten en su entorno tanto en la niñez como en la edad adulta. Nosotros tampoco elegimos [esas susceptibilidades] personales, pero sí elegimos las actitudes,prioridades, comportamiento y estilo de vida que les adjudiquemos, y tendremos que dar cuenta de ellos.
Élder Dallin H. Oaks (Liahona, marzo de 1996)
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