
Piensen por un momento en un maestro que realmente haya tenido gran impacto en la vida de ustedes. ¿Qué fue lo que les impresionó de él o ella que les permitió recordar lo que se enseñó, lo que los motivó a descubrir la verdad por ustedes mismos, a ejercer su albedrío y actuar y no para que se actuara sobre ustedes, es decir, aprender? ¿Qué fue lo que distinguió a ese maestro de los demás? Un autor y maestro de éxito dijo: “Lo que más importa en el aprendizaje es la actitud. La actitud del maestro” (David McCullough)
Tengan en cuenta que lo que más importa en el aprendizaje no es el número de años que el maestro haya sido miembro de la Iglesia, ni cuanta experiencia tenga la persona en la enseñanza, ni siquiera el conocimiento que el maestro tenga del Evangelio, ni sus técnicas de enseñanza. Lo que más importa es la actitud o el espíritu con el que el maestro enseñe. Hermanos y hermanas, la actitud de un maestro no se enseña, sino que se adquiere. Entonces, ¿cómo desarrollamos la actitud necesaria para ser un maestro de éxito? Me gustaría analizar cuatro puntos básicos en la enseñanza del Evangelio:
PRIMERO, SUMÉRJANSE EN LAS ESCRITURAS. No podemos amar lo que no conocemos. Cultiven el hábito del estudio diario de las Escrituras, separado y aparte de la preparación de sus lecciones. Después de que se me llamó para ser presidente de estaca, nuestra presidencia de estaca recibió una capacitación por parte de un Setenta de Área. Durante la capacitación, hice una pregunta, a la cual él respondió: “Ésa es un muy buena pregunta. Vayamos al Manual de Instrucciones de la Iglesia para encontrar la respuesta”. Acudimos después al manual, y allí se encontraba la respuesta a mi pregunta. Más tarde en la capacitación, hice otra pregunta. Una vez más respondió: “Buena pregunta. Miremos el Manual”. No me atreví a hacer más preguntas, ya que pensé que sería mejor que leyera el manual.Desde ese entonces, he pensado que el Señor podría responder de la misma manera a cada uno de nosotros cuando acudimos a Él con inquietudes o preguntas. Él podría decir: “Buena pregunta; si pudiese repasar Alma capítulo 5 o Doctrina y Convenios sección 76, recordarás que ya te he hablado en cuanto a eso”.Hermanos y hermanas, es en contra de la economía del cielo que el Señor repita de forma individual a cada uno de nosotros lo que Él ya ha revelado en forma colectiva.
SEGUNDO, LLEVEN A LA PRÁCTICA LAS COSAS QUE APRENDAN. nuestra obra, ante todo, es guardar los mandamientos con toda nuestra alma, mente y fuerza.
TERCERO, BUSQUEN LA AYUDA DEL CIELO. ¿Cuándo fue la última vez que se arrodillaron en oración y le pidieron al Señor que les ayudara no sólo con su lección, sino que también los ayudara a conocer y satisfacer las necesidades de cada uno de los alumnos de su clase? Ninguna clase es tan grande que no podamos orar y pedir inspiración en cuanto a cómo acercarse a cada alumno.
EN CUARTO LUGAR, hermanos y hermanas, es de suma importancia que EJERCITEMOS NUESTRO ALBEDRÍO Y ACTUEMOS, SIN DEMORA, de acuerdo con los susurros espirituales que recibamos.
Queridos maestros, ustedes son uno de los grandes milagros de esta Iglesia. Tienen un deber sagrado. Los amamos y tenemos confianza en ustedes.
David M. McConkie (de la Presidencia General de la Escuela Dominical - Octubre 2010)
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