
Las lágrimas le rodaban por sus rosadas mejillas.
—No me importa que no podamos tener una casa más elegante, o aun algunas de las cosas que todas las personas consideran indispensables.
Nunca me he quejado por las cosas que no tenemos, y trabajaré desde el amanecer hasta el anochecer para complacer a mi esposo, pero hay algo que sencillamente tengo que tener, y es el autorrespeto.
Quizás sería mejor llamarle confianza, pero de todas maneras la he perdido toda. Después de sólo tres años de matrimonio, Ruth, una jovencita de veinticuatro años de edad, se sentía vencida.
—Tengo que tener alguna seguridad de que soy una buena esposa y madre, tener por lo menos un éxito parcial en la vida. Quisiera que John me lo dijera de vez en cuando.
Por otro lado, Gerald, vino a mi oficina para hablarme acerca de Vickie, su esposa.
—Doctor—-dijo Gerald
—no soy un ogro, y claro está que no espero que mi esposa piense sólo en mí, pero yo provengo de una familia cariñosa, y esto es parte del lazo que mantiene unidos a un hombre y:- a una mujer; pero Vickie sencillamente me rechaza. La quiero más que cualquier cosa en este mundo, pero ¿qué debo hacer?
Bernard, de 32 años de edad, tenía esto que decir:
—Siempre he ido de cacería con mi padre y hermanos, generalmente durante dos días, lo cual fortalece el lazo de amor familiar. Trato de pasar el resto de mi tiempo con mi esposa y familia, pero ella se queja tanto de este viaje, que aun cuando voy, me amarga el día.
Teresa es una atractiva rubia de 27 años de edad.
—Doctor, ¿es irrazonable que una mujer vaya al salón de belleza una vez por semana? No estamos endeudados, excepto con la compra de nuestra casa. Cada día de pago deposito algún dinero en ahorros. Mi esposo tiene una lancha, armas, y equipo de pesca, y lo único que yo quiero es ir al salón de belleza una vez por semana. ¿Es
demasiado pedir? El insiste en que no lo haga más, lo cual está casi amenazando nuestro matrimonio.
Parece una tontería ¿verdad? No obstante, este asunto tan trivial se convierte en algo monumental cuando otros agravios insignificantes se adhieren como la broma a
una embarcación.
A la esposa de Albert Einstein se le preguntó si comprendía la Teoría de la Relatividad de su esposo, a lo cual respondió: "No, pero creo que comprendo a Albert
Einstein."
Ya sea la necesidad de afecto, aprecio, confianza, atención, un platillo especial para la cena, o un peinado a la semana, un buen cónyuge reconoce las necesidades especiales de su compañero y trata de suplirlas.
Ciertamente no sólo de pan vive el hombre, sino que en muchos casos subsiste en el cumplimiento de sus necesidades especiales por parte de un cónyuge alerta y que le manifiesta aprecio.
por Iindsay R. Curtís (Consejero medico y Ex obispo SUD)
"SINTOMAS PELIGROSOS DE UN MATRIMONIO ENFERMIZO"
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