
No tenemos porqué estar en lo alto de una montaña ni en una arboleda sagrada para que Dios esté con nosotros. El está "allí", aun en las manifestaciones más sencillas de su presencia.
La conciencia permite que el Señor esté presente, ya sea en las advertencias tempranas o en las finales, al darnos una súbita comprensión o un resquemor en la memoria, salvándonos del mal o inspirándonos a hacer lo bueno.
Además, puede advertirnos que cuando insistimos en la revancha sólo caemos más bajo, o que no hundamos demasiado los pies en la mullida alfombra de lo mortal, que es peligrosamente fugaz.
De mil maneras la Deidad siempre estará presente, como testificó Enoc, aun en nuestros padecimientos Algunos, gravemente enfermos, conocen la soledad de un cuarto de hospital de noche, cuando los familiares se han ido o duermen "a causa de la tristeza" (Lucas 22:45). incapaces de "'velar" otra '"hora" (Mateo 26:40). La noche profundiza el silencio de los corredores, mientras ellos están rozando el velo de la muerte. Aun así. estén o no "señalado|s) para morir", estos fieles están en Sus manos. Y pueden saber y saben que Dios "todavía está allí".
Los viudos cuya pérdida se alarga con los años, cuando la caricia de los recuerdos difusos es insuficiente. a veces sollozan porque no ven el propósito de lo que les acontece. Pero conocerán después esos momentos en que el Señor "enjugará. . . toda lágrima de todos los rostros" (Isaías 25:8). Entretanto, pueden testificar: "Y tú, todavía estás allí".
Los hombres y mujeres cuya vida está destrozada por la traición del compañero que los ha abandonado quizás se sientan desamparados o aplastados por la injusticia. Pero ellos también pueden saber que El "está allí" si aceptan la invitación de Jesús:
"Venid a mí. todos los que estáis trabajados y cargados" (Mateo 11:28).
Los padres, que luchan por influir y rescatar al joven insolente, sufriendo desilusión tras desilusión y preguntándose cuándo va a terminartodo, pueden decir seguros: "Y tú. todavía estás allí".
A los que sufren así y no obstante así perseveran y así testifican con la elocuencia de su ejemplo, ¡os saludamos en Cristo! Perdonad a los que tratamos torpemente de consolaros. Sabemos de dónde recibís el consuelo certero: Dios "está allí" para que nos apoyemos en El.
élder Neal A. Maxwell del Quórum de los Doce Apóstoles
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