
Se nos enseña que Satanás es el autor de la maldad, pero no podemos estar demasiado seguros de que él sea responsable por cada tentación a la maldad. Santiago observó: ". . .cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido".
Henry Ward Beecher1 hizo claramente esta declaración en estas palabras: "Las tentaciones exteriores implican deseos interiores; los hombres no deben decir: 'Cuan poderosamente tienta el diablo,' sino 'Cuan poderosamente soy tentado.' "
El pecado y la corrupción no siempre nos son presentados en formas obvias; ni tampoco son presentados en la misma manera a todas las personas; es muy factible que las tentaciones azoten nuestras debilidades más vulnerables, y que frecuentemente tengamos dificultad en hacer una distinción entre ío bueno y lo malo.
Susannah Wesley, la madre de John Wesley, le dio consejos a su hijo sobre cómo discernir el bien del mal.
"¿Juzgarías la legalidad o la ilegalidad del placer? Usa entonces esta regla: Cualquier cosa que te debilite la razón, que deteriore la dulzura de tu conciencia, que obscurezca tu percepción de Dios, que te quite la sed por las cosas espirituales, o que aumente la autoridad de tu cuerpo sobre tu mente, esa cosa entonces es mala para ti. Por medio de esta prueba podrás detectar lo malo, no obstante cuan sutil o aparente sea la tentación que se te presente."
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