
Se debe distinguir la perseverancia paciente del mero hecho de ser compelido. Perseverar es algo mas que pasearnos de arriba a abajo por la celda de nuestras circunstancias; no es sólo aceptar la porción que nos ha tocado, sino actuar por voluntad propia magnificándola.(Alma 29:3,6.)
Por ejemplo, si estamos constantemente examinándonos para saber si somos felices, no lo seremos. Si continuamente comparamos para ver si lo que nos pasa es justo, no sólo evadimos la realidad sino que también somos injustos con nosotros mismos.
Por lo tanto, la verdadera perseverancia no representa solamente el paso del tiempo, sino el paso del alma, y no sólo de A a B. sino a veces por todo el recorrido de la A hasta la Z. El perseverar con fe y hacer la voluntad de Dios implica mucho mas que limitarse a tolerar una circunstancia. (D.yC. 63:20; 101:35.)
No se persevera de verdad siendo indiferente sino hundiéndose de alma en la experiencia. Jesús sangró “por cada poro”, no solamente por unos cuantos. (D. y C. 19:18.)
A veces, la obediencia espiritual nos requiere “aferrarnos” con amor, por ejemplo, a un hijo rebelde, mientras otros nos gritan “¡Suéltalo!” No obstante, la perseverancia en el sufrimiento puede indicarnos también que “soltemos” cuando todo nuestro ser quiere “aferrarse”, por ejemplo, a un ser querido “señalado para morir” (D.y C. 42:48).
Cuando las circunstancias son como un oleaje que nos arroja de un lado a otro, la perseverancia paciente nos permite aferrarnos a la fe en el Señor y en que E1 sabe cual es el momento oportuno. Aun cuando parezca que la corriente nos atrapa y detiene, en medio de los tumbos avanzamos, aunque sea un poco magullados.
Soportar la tentación con paciencia es una de las mayores dificultades que podamos enfrentar. Jesús sufrió tentaciones pero no cedió. ( Mosíah 15:5.) Cristo las soportó porque “no hizo caso de ellas” (D. y C. 20:22). Nosotros tendemos a flirtear con las tentaciones, a ceder un poco, jugando con ellas un rato, aunque después las desechemos. No obstante, el prestarles la mas mínima atención crea el ambiente para sucumbir a ellas.
Los problemas mas personales son a menudo los mas difíciles y llenos de ironía. Por ejemplo, el rey Mosíah era venerado por su pueblo, pero, irónicamente, sus hijos se volvieron enemigos de la Iglesia por un tiempo. Sin embargo, la gente seguía amando a Mosíah. ¿Tendremos nosotros la misma tolerancia perceptiva hacia los que sufren por una cruel ironía? Cuando, por el momento, nosotros mismos no nos hallemos cargando una cruz, deberíamos estar, llenos de comprensión y bálsamo espiritual, junto a aquellos que cargan la suya. En el camino angosto y estrecho que conduce a nuestros pequeños Calvarios, no se oye a ningún viajero jactarse de que la jornada le resulte fácil (1 Corintios 10:13).
Al perseverar se desarrolla también la disposición a marchar adelante, aun cuando estemos fatigados y lo que queramos sea ponernos junto al camino a descansar ( 2Nefi 31:20). De ahí que el Señor haya elogiado especialmente a un profeta por su “infatigable diligencia” (Helamán 10:4;15:6).
Pablo escribió diciendo que aun después que los discípulos fieles habían “hecho la voluntad de Dios”, les era “necesaria la paciencia” (Hebreos 10:36). ¿Cuantas veces las buenas personas hacen lo correcto al principio y luego se dejan quebrantar por el peso de las tensiones posteriores? Comportarse con corrección en un momento difícil, mientras se soporta una gran tensión, es digno de encomio, pero también lo es sobrellevar la tensión constante, sutil pero siempre presente, de lo que aparentemente son rutinas de la vida diaria. Sea como sea, debemos correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante”, que no es de corta distancia sino un maratón.
Cuando somos indebidamente impacientes, damos a entender que preferimos nuestro horario al de El. Aunque la frase de las Escrituras “con el transcurso del tiempo” significa “finalmente”, también indica un proceso espiritual completo. Elder Neal A. Maxwell Of the Quorum of the Twelve Apostles
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