
La demora y la indecisión pueden dificultar nuestro esfuerzo de prepararnos para la vida que sigue a la vida terrenal; en cuanto a esto, el élder Joseph Fielding Smith dijo: "La demora, aplicada a los principios del Evangelio, es la ladrona de la vida eterna, que es vida en la presencia del Padre y del Hijo" (The Way to Perfection, décimaedic.,1953, pág. 202).
En el Libro de Mormón, leemos el ruego de Amulek: "...os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el. fin... porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno".(Alma 34:33-34.)
Se ha dicho: "La vida es un don tan precioso que debe protegerse de engaños innecesarios. Cada día no es tan sólo un día más, sino que es como la caída de una gota de agua, un momento de vida brillante que se suma al creciente lago de nuestra existencia".(Thomas J. Parmley, como lo citó R. Scott Lloyd)
La indecisión puede inmovilizarnos o paralizarnos, dificultando nuestra preparación en esta vida. Podemos llegar a ser como la gente de Nínive, a la que el Señor describió a Jonás como: "personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda". (Jonás 4:11).El apóstol Santiago observó que "el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos". (Santiago 1:8.)
Un antiguo adagio suizo describe tal indecisión con estas palabras:
"Con un pie dentro
y otro fuera
no se está dentro
ni se está fuera;
no se es frío ni caliente,
ni redondo ni cuadrado.
Pobre, muy pobre
y siempre muy limitado
es el indeciso,
que no sabe comenzar
ni a dónde ir".
No debemos ser de doble ánimo en nuestra relación con nuestros cónyuges, nuestros padres o nuestros hijos. ¿Vamos a gozar de nuestros hijos después de que crezcan un poco y no estemos tan ocupados? ¿Y qué haremos con esa amistad que se ha desvanecido a causa de que hemos planificado escribir una carta amable, larga, pero que nunca terminamos y, por lo tanto, no enviamos? ¿Somos fieles al asistir a nuestros templos en forma regular? Consideren los libros que leeremos, los impulsos de bondad sobre los que actuaremos, y las buenas causas que apoyaremos.
¿Estamos siempre empacando las maletas con lo que valoramos más en esta vida, pero no hacemos el viaje? ¿Seguimos dejando todo para mañana? Determinemos comenzar a vivir hoy —no mañana, sino hoy— en esta hora mientras todavía tenemos tiempo. Élder Joseph B. Wirthlin
Comentarios
Publicar un comentario